sábado, 12 de octubre de 2013

LA FE Y EL HOMBRE INTERIOR

Maestros son los que nacen del corazón, más no preconcebidos en la mente. Es interesante que nazca de instante en instante, de momento en momento. Esos que sufren aquí y ahora. ¿Quieren saber algo sobre la Fe? Pues bien, lo que aquí sucede, es que las gentes confunden la creencia con la Fe, y esta equivocación es de tipo general, confunden siempre la gimnasia con la magnesia y es difícil poderle quitar a la gente esa tontería, creen que la Fe es la misma creencia.
La realidad de los hechos, para mi modo de ver y de entender estas cosas, es que ante todo, el que quiera llegar a tener Fe de verdad tiene que llegar a desdoblarse en dos: El hombre exterior y el hombre interior.
En tanto, por ejemplo no logre uno desdoblarse psicológicamente, pues sigue como hombre exterior. El hombre exterior ¿de dónde va a sacar la Fe? Hay que darle nacimiento en uno al hombre interior. El nuevo hombre debe nacer en uno. Ese hombre interior no es otra cosa sino el hombre psicológico.
El hombre interior está colocado en un nivel superior al hombre exterior. El hombre exterior en todo caso, no es el hombre interior. Es necesario nacer -dice Jesús- del Agua y del Espíritu. Y todos los evangelios del gran Kabir Jesús van a eso, el renacimiento del hombre interior. El quiere que surja el hombre interior en cada persona, eso es lo que desea el Gran Kabir.
Los mensajes de Jesús no van al hombre exterior que digamos, Jesús no venía pues, dispuesto a perder el tiempo miserablemente, dando enseñanzas exclusivamente para el hombre exterior. Las enseñanzas de Jesús tienen un solo objetivo, que es renacer del Agua y del Espíritu. Quiere que en nosotros nazca el hombre interior, que nos desdoblemos en dos.
Obviamente, el hombre interior nace dentro de nosotros en un nivel superior, en una octava superior. El hombre inferior, el hombre común y corriente, está colocado siempre en el nivel de tipo inferior, y eso es ostensible. Así que, Jesús no se preocupa mucho porque prosiga el hombre de nivel inferior; sino porque renazca en nosotros el hombre superior.
Quiere que nazcamos del Agua y del Espíritu. Quiere que lleguemos al nacimiento segundo; quiere el desdoblamiento del hombre.
Cuando uno se ha desdoblado en sí mismo, o se ha dividido en superior e inferior, entonces tiene una experiencia directa sobre lo Real.
El hombre exterior vive realmente en un mundo externo, únicamente puede saber sobre las cosas del mundo exterior: el hombre interior es distinto, vive en un mundo interior.
Así como hay una vida de tipo exterior completamente, hay también una vida de tipo interior. Es que el hombre que ha nacido del Agua y del Espíritu, es diferente. Cuando eso sucede, el mismo hombre exterior se somete a la voluntad del hombre interior y actúa en consonancia con las leyes del mundo interior: ya es un hombre diferente.
Es claro, para que renazca en nosotros el hombre interior, se necesita antes que todo, pues, reconocer nuestra propia nadidad y miseria. Es claro que las gentes comunes y corrientes están acostumbrados a vivir de acuerdo con las reglas de este mundo. Se sienten perfectísimas y llenas de grandes virtudes. Don fulano de tal y tal, Doña sutana, etc., más bien se quejan de que no se les reconocen sus méritos.
Si trabajan en una fábrica, pues, creen necesario que se les pague bien, que se les aumente el salario conforme los precios aumentan; nuevas puntadas en el aire aspiran siempre al ascenso. Simples soldados en el ejército, pues quieren llegar a ser cabos, quieren ser sargentos y quieren ir progresando poco a poco y allá en su interior, sueñan con llegar a ser generalísimo general de división.
¿Por qué? Porque se creen llenos de méritos; creen que todo se lo merecen. Si trabajan el algún sentido, si hacen algún esfuerzo, llaman su pago. Si no le pagan, pues protesta, "¿Sí, cómo? No es justo, yo he trabajado, he luchado, tengo tales y tales méritos, sin embargo a mí no me han sabido pagar, no me han sabido reconocer mis esfuerzos". Así es el hombre inferior.
Pero, para que nazca el hombre interior, tiene uno que volverse diferente; eso es lo difícil. Solo llegando a reconocer precisamente que uno no vale nada, a pesar de haber trabajado muy duro dentro de sí mismo, sobre su psicología ¡verdad! Compuesta de lo normal del hombre exterior.
Es bueno de verdad, llegar uno a comprender que los esfuerzos que uno ha hecho son nada. Tiene que llegar a entender que uno es un imbécil, en el sentido más completo de la palabra. Y esto que estoy diciendo, no son puras poses de comediantes y tampoco fingidas mansedumbres o actitudes pietistas, o mojigaterías de muy mal gusto.
¡No señores! Es verdad que cuando uno examina su propia existencia, cuando revisa su propia vida, llega a descubrir que uno es un idiota, que no vale nada. En cuanto crea uno que vale algo, no puede nacer en uno el hombre interior. Mientras uno crea que vale mucho, seguirá siendo lo que ha sido siempre, el hombre de la calle común y corriente, el señor que está detrás del mostrador de un almacén, el boticario que prepara recetas, o el vendedor de artículos de primera necesidad, pero jamás el hombre interior.
El hombre interior nace en uno como resultado de sus propias reflexiones. Si quieren que nazca el hombre interior en uno, tienen que darse el lujo de destruir realmente lo que uno es. Lo que es uno mismo: Un caso ahí de reacciones mecánicas absurdas, un saco de percepciones, de simpatías y antipatías mecánicas, de lujuria, etc., total, un cretino.
Si uno se da cuenta que eso es, nada más que eso, se quitan las ínfulas de vanidad y se dedica de verdad a lo que debe dedicarse, a la auto-destrucción del mí mismo. Algo que suena muy feo para las gentes que se quieren mucho a sí mismas. Nadie que tenga "yo" o amor propio, pueden gustarle estas palabras que estoy diciendo yo aquí.
Pues así es, cuando uno trabaja de verdad, sinceramente, está erradicando de su psiquis lo que debe erradicarse, su imbecibilidad, su idiotez, cretinismo, ínfulas de grandeza, su auto-importancia, etc.
A medida que los elementos que llevan en su interior mismo, se reduzcan a cenizas, la Esencia, la Conciencia se va liberando. Eso es ostensible, va resurgiendo en uno.
Esa Conciencia liberada es Fe, pero Fe de verdad, no creencia. Esas creencias no sirven para nada, hablo de Fe que es sapiencia.
Obviamente, que a medida que la Esencia se libera, aumenta la sapiencia. Cuando la totalidad del Ego es destruida, aniquilada, la Esencia, el hombre interior, queda completamente auto-consciente.
Ese hombre nacido del Agua y del Espíritu, es Fe verdadera. Es el hombre de Fe. No la fe de la creencia aquella del carbonero, ni la que le enseñaron a uno los dogmas de tal o cual religión, no me quiero referir a esta.
El hombre consciente desprovisto del Ego, indudablemente por experiencia directa, vivida, puede conocer los enigmas del Universo. Puede experimentar en forma vivida, los Misterios de la Vida y de la Muerte. Puede vivenciar eso que está más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente. Eso que no es del tiempo, la Verdad. Así pues, en tanto no nos hallamos divididos en dos hombre, el exterior común y corriente, y el interior profundo, no seremos hombres de Fe, seremos hombres de creencia, pero no de Fe.
Tampoco exigirle a nuestros estudiantes un cien por cien de Fe, eso de la adquisición de la Fe, es algo graduativo. Si alguien ha liberado tan sólo un cinco por ciento de Esencia, pues tendrá un cinco por ciento de Fe y si un diez por ciento de Esencia lo que ha logrado liberar mediante la trituración y desintegración de algunos elementos psíquicos indeseables, pues tendrá un diez por ciento de Fe. El que ha disuelto un cincuenta por ciento del Ego, pues tendrá un cincuenta por ciento de Fe y el que ha logrado el cien por cien de la destrucción del Ego, en otros términos el que ha conseguido liberar el cien por cien de su Esencia, tiene un cien por cien de Fe. Es un hombre de Fe íntegra.
Pero al repetir esto de Fe, me temo mucho que crean que se trata de la fe del carbonero o de la creencia. Cuando digo Fe, me refiero a sapiencia, a conocimiento.
El hombre interior, tiene derecho a conocer por experiencia mística directa, la verdad. Tiene derecho a experimentar los Misterios de la Vida y de la Muerte. Tiene derecho a trabajar con los enigmas del Universo; pues entonces la Fe es conocimiento auténtico, no de creencia.
Quien llega de verdad a ser hombre de Fe, tiene que dar nacimiento en sí mismo al hombre interior, es decir, tiene que dividirse en dos: el hombre interior colocado naturalmente de una octava más elevada y el hombre inferior colocado en un bajo del mundo en que vivimos.
En cuanto continuemos viviendo como hombres de nivel inferior, en este mundo tridimensional de Euclides, no será posible tener Fe, ni tampoco será posible conocer en alguna forma los Misterios de la Vida y de la Muerte, lo Real.
Necesitamos dividirnos en dos, desdoblarnos. Cuando uno llega a reconocer que dentro de sí mismo, en las profundidades del hombre interior, hay una autoridad colocada en una octava aun más elevada, se somete a esa autoridad; entonces aumenta la Fe. Pero uno puede someterse a esa autoridad colocada dentro de uno mismo, colocada en una octava ascendente, o sea que uno se ha desdoblado en dos.
El hombre interno se somete a esa autoridad, y el externo a su vez, se somete al hombre interior, y todo queda sometido en general a una autoridad íntima, que no es otra cosa sino la de su propia particularidad, la de su propio Logos, la de su propia Mónada, hablando esta vez al estilo Leibniz, la de su Padre que está en secreto.
Mientras más obedezca uno esa autoridad, tanto en los Cielos como en la Tierra, es decir, tanto en el espacio psicológico, como aquí en el espacio tridimensional de Euclides, pues tanto más aumenta la Fe. Ante todo tiene que darse cuenta uno que no vale nada, y someterse a la autoridad interior profunda, no hablo de una autoridad exterior, claro, sino de la voluntad íntima.
Si uno se somete a esa autoridad íntima, la obedece, la Fe aumenta. Para someterse a esa autoridad, a esa voluntad interior profunda, tiene uno que reconocer su propia nadidad y miseria. Si uno cree que vale algo, no se somete, tampoco aumenta la Fe.
Para que la Fe se multiplique, necesita uno someterse a una autoridad superior profunda, a la Voluntad del Ser. A la Voluntad de su Mónada particular. La misma voluntad que tenemos, obviamente debe someterse a esa voluntad interior profunda que se ha formado debido al desdoblamiento humano. Entonces cuando uno se somete a esa voluntad interior profunda, pues entonces marcha bien, porque esa voluntad interior profunda a su vez se somete a la voluntad interior del Ser.
Cambia, se multiplica la Fe y actúa aquí en el mundo real, en consonancia con las leyes interiores y la voluntad del Ser. Ya es algo diferente, ya no es simplemente un robot. Pero las gentes comunes y corriente no son sino robots, están programados para tal o cual profesión, para tal o cual oficio, etc.
Así pues, que tener Fe es importante, pero nadie podría llegarla a tener, si no ha dado nacimiento al hombre interior, si no ha llegado a desdoblarse en dos, si no ha llegado a eliminar de su psiquis los elementos indeseables que lleva.
Pues solo así surge la llamarada de la Fe, que no es creencia, sino conocimiento y sapiencia. Distíngase que conocimiento y creencia son diferentes. Creo que ustedes me van entendiendo. ¿Qué más tienen para preguntar con respecto a la Fe o con respecto a la creencia?
P.- ¿Son elementos básicos el conocimiento de los cinco centros y la destrucción de los Egos, como mecanismo para adquirir la Fe y el desdoblamiento?
R.- ¡Mecanismo para adquirir la Fe! La Fe no se adquiere con mecanismos. La Fe se obtiene a base de trabajos conscientes y padecimientos voluntarios. Ningún esfuerzo mecánico puede transformarnos. Solamente pueden transformarnos los esfuerzos conscientes. La Fe no se adquiere si no desintegramos el Ego y el Ego no se desintegra, repito, sino a base de padecimientos voluntarios y trabajos conscientes. Se aparta completamente de los mecanismos, nada tiene que ver con los mecanismos.

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