sábado, 25 de junio de 2016

DEMONIOS SEXUALES



SÚCUBOS E ÍNCUBOS

Algunos creen que los súcubos y los íncubos son como esos típicos demonios alados, con cuernecitos y cola. Nada más lejos de la realidad. Son demonios horribles, sí, pero su aspecto cuando se mueven por nuestro mundo no les delata en absoluto.
Demonios súcubos

Estos demonios poseen siempre el aspecto de una mujer de belleza extraordinaria, piel perfecta y cabello oscuro o rojizo. Posiblemente, el mismo aspecto de Lilith, Reina de la Oscuridad y la Noche, de quien se cree que descienden todos los demás súcubos.
Se esconden tras esta atractiva fachada para conseguir atraer y tentar a los mortales que se cruzan en su camino. Su única misión es atraer primero para atormentar después.
Sus movimientos son ágiles y precisos. Su forma de caminar es muy seductora y cuentan con una gran presencia y carisma. Ese tipo de carisma que fascina y casi deja hipnotizado a su interlocutor, aunque un espectador avispado podría saber que se trata de un demonio por ese destello en su mirada de oscuro y enfermizo deseo.
Hablan varios idiomas, por lo que no tienen problemas para entablar conversaciones y establecer nuevas relaciones sociales. Podrían considerarse la compañía ideal si no fuese porque, en ocasiones, se dejan llevar y sacan su lado más lascivo.
Los demonios súcubos no necesitan mostrarse agresivos y, además, rehúyen los conflictos. Prefieren usar su capacidad de persuasión y don de gentes para conseguir sus propósitos. Además, en caso de necesidad, no dudarán en adoptar el papel de víctima o de damisela en apuros. Incluso pueden enredar y poner a unos en contra de otros por simple diversión.

Una vez tienen elegido al mortal procuran alejarse con él de la multitud, y entonces usan su capacidad de sugestión, muy parecida a la de los vampiros, para hacerle creer prácticamente cualquier cosa que deseen. Cuando la víctima entra en ese estado hipnótico pasa a ser atacada por el súcubo, que consume la energía de la víctima mientras mantienen relaciones sexuales.
Estos demonios se nutren de la energía vital del mortal, energía que también les permite mantener ese aspecto joven y encantador.
Tras el estado de inconsciencia, las víctimas pasan a un sueño profundo del que suelen despertar agotadas, deprimidas y con la sensación de haber vivido una horrible pesadilla, aunque si el súcubo se excede extrayendo energía es posible que no consigan despertar y acaben muriendo.


Algo que divierte mucho a estos demonios súcubos es atacar a hombres virtuosos o que han hecho voto de castidad. Les encanta atormentarlos al despertar del sueño con recuerdos de orgías y perversiones que los hacen sentir muy avergonzados.
Aunque no es habitual, en ciertas ocasiones los súcubos muestran su verdadero aspecto mientras mantienen relaciones con sus víctimas. Los ojos de serpiente, los colmillos, las alas de murciélago y la cola son un “extra” de martirio del que disfrutan cuando su víctima no les gusta especialmente.
Demonios íncubos

El demonio íncubo es la contrapartida masculina del súcubo. Un hombre joven, muy atractivo y fuerte que seduce y atrae generalmente a mujeres, a las que atormenta de la misma manera que suelen hacerlo los súcubos.

Existe la teoría de que estos demonios son descendientes de ángeles caídos que han degenerado en succionadores energéticos. Aunque también se dice que, en realidad, los íncubos y los súcubos son el mismo tipo de demonio, que adopta la forma de hombre o mujer según los gustos de su víctima.

Suelen acercarse a todo tipo de mujeres; mayores o jóvenes, casadas, solteras o viudas, aunque comparten con los súcubos su debilidad por las mujeres religiosas y de férrea moral, sobre todo las novicias. Disfrutan sabiendo el dolor y la vergüenza que causarán a sus víctimas al despertar de su espantoso sueño.
Muchas de estas mujeres pueden incluso quedar embarazadas. Cuando esto ocurre existe la posibilidad de que el bebé nacido sea un engendro a disposición de las fuerzas del mal, o un poderoso humano mágico que se decline por hacer el bien. Un ejemplo de este último caso es el del mago Merlín, de quien se cuenta que nació de la oscura seducción de un íncubo a una monja.


Encantamientos de cama:

Los súcubos e íncubos tienen la capacidad de realizar un encantamiento al lugar donde se produce el ataque sexual, generalmente, la cama de la víctima, de manera que cada vez que ésta descansa sobre dicha cama se drena parte de su energía, que pasa directamente al demonio aunque esté lejos del lugar.
Este poderoso hechizo puede acabar con la vida del mortal mientras que hace más fuerte al demonio. Así, cuantas más víctimas consiga, más poderoso se vuelve.
Lejos de ser demonios que causen miedo por su terrorífico aspecto, los íncubos y súcubos son seres extraordinariamente bellos cuyo objetivo es atrapar a hombres y mujeres a través del sexo
Tienen apariencia hermosa y atractiva, son extraordinariamente bellos, su forma de caminar es seductora, poseen un carisma natural que deja hipnotizado a quienes platican con ellos, parecen ángeles pero son todo lo contrario, les llaman demonios íncubos y súcubos, seres del mal que buscan atrapar la energía y las almas a través del sexo.

Íncubos y súcubos, ¿qué son, de dónde surgen?
Del latín Incubus, in, sobre, y cubare, acostarse, los íncubos son demonios masculinos de la mitología europea de la Edad Media que seducen a las mujeres para copular. También es posible que no adopte forma humana sino en espíritu y se pose encima de la víctima femenina dormida para tener relaciones sexuales en su sueño o poseyéndolas a la fuerza sin que ellas puedan "despertarse". Se les identifica por su antinatural pene frío.

La contraparte femenina se llama súcubo e igual que el demonio femenino, tienen sexo con el hombre ya sea en forma humana o como "fantasma sensual" a través del sueño. El objetivo de estos demonios es absorber la energía vital de sus víctimas para hacerse más poderoso. Quienes son atacados por un íncubo o un súcubo pierden rápidamente su salud e incluso pueden morir durante el ataque sexual.
De acuerdo con el mito que hay mujeres que han quedado embarazadas del íncubo, en este caso pueden engendrar niños deformes o con habilidades especiales. Se cuenta que el mago Merlin era hijo de un íncubo y una prostituta. La reina de los íncubos y súcubos, dice la tradición, es Lilith, primera mujer en la Tierra, madre de los vampiros.


Íncubos y súcubos en diferentes culturas
Los demonios del sexo tienen diferentes aspectos y denominaciones dependiendo de la cultura que los refiera. En algunas creencias se piensa que no son dos entidades distintas sino una sola que adquiere el género opuesto a la víctima. Se convierte en súcubo para robarle el semen al hombre y convertirse en íncubo para así copular con una mujer fértil  y dejarla preñada de un demonio terrenal.
A lo largo de la historia han sido registrados varios nombres de íncubos: Zabulón, Isaacaro, Belaam, Alpiel, Efelios, Leviatán, etc.  También cambian de nombre dependiendo de la cultura: en Chile se llama Trauko; Boto en Brasil; Kurupi en Paraguay; Mohán en Colombia; Chusalongo en Ecuador; Sombrerón en Guatemala; Cipitío en El Salvador; Zángano en Panamá; Zangaretón en Venezuela y Rauel en México.

El modus operandi de los íncubos y súcubos
Se cuela en la mente femenina o masculina para provocarle sueños eróticos y lujuria enfermiza. Luego de un tiempo se materializan y copulan con su víctima provocándole un estado de parálisis momentánea. Los coitos son descritos como salvajes y placenteros, cascada de orgasmos que se mezclan con momentos de lucidez y horror. Al día siguiente la víctima no recuerda casi nada, salvo que ha tenido un extraño sueño erótico.


Los íncubos y súcubos atacan a todo tipo de víctimas: jóvenes, mayores, solteras, casadas, enfermas, sanas, agraciadas o poco atractivas. Su única preferencia es con hombres y mujeres de fe como monjas, novicias, curas o seminaristas.

La explicación nocturna

La ciencia explica la existencia de los íncubos y súcubos a los sueños húmedos de hombres y mujeres que fueron reprimidos por creencias religiosas. Las poluciones nocturnas de los hombres explicarían el robo de semen que, supuestamente sufren.
Todo sobre esas criaturas infernales que atacan a hombres y mujeres durante la noche para pervertirlos, robar su energía sexual y matarlos en la cama.😉
Aunque la tradición judeocristiana y la de otras culturas monoteístas ha considerado a los íncubos y a los súcubos como seres malignos, proyecciones monstruosas de la lujuria de los durmientes, metáforas tremendistas de las fantasías que causan las poluciones nocturnas o la parálisis del sueño, las teorías modernas los han descartado, calificándolos de supercherías o (en el caso de Jung) relacionándolos de forma directa con el arquetipo del “ánima”.

Por otro lado, existen teorías profanas que ven a los demonios lúbricos como seres que se pueden dominar y utilizar para alcanzar altas formas de placer sexual y estados alterados de conciencia. William Burroughs es uno de los pocos escritores modernos que trató y redefinió el tema en sus libros, artículos y entrevistas. En su novela El lugar de los caminos muertos (1984), un personaje de Burroughs habla de los espíritus-zorro japoneses, demonios capaces de adoptar cualquier forma (hombre, mujer o niño) para seducir a sus víctimas y, en una conversación con Victor Bockris el propio escritor dijo lo siguiente:


 “Los íncubos y súcubos pueden ser dañinos y destructivos. Como con cualquier situación sexual, el peligro depende de cómo la manipules. Todo sexo es potencialmente peligroso, porque nuestros sentimientos sexuales nos hacen vulnerables. ¿Cuánta gente ha sido arruinada por un amante? El sexo conlleva un punto de invasión y los súcubos y los íncubos simplemente nos hacen intensamente conscientes de esto. (…) El sexo es físico. Si fuera posible para cualquier persona pulsar un botón que hiciera aparecer a un íncubo o a un súcubo, creo que la mayoría de la gente preferiría tener relaciones sexuales con uno de estos demonios a las aburridas cópulas con gente real”.

En la escuela tántrica Kaula existen complicados ritos para invocar a este tipo de demonios sexuales. También en el universo de la magia hay ritos para atraer íncubos y súcubos, por ejemplo a través de la gnosis liminal (un estado intermedio entre el sueño y la razón en el que se puede controlar la acción onírica y hacer viajes astrales), las prácticas chamánicas (en ciertas tribus africanas hay brujos capaces de invocar demonios lúbricos dentro de un espejo para luego exterminarlos) o la evocación erótica (acumular energía e imaginación sexual mediante pornografía, masturbación sin orgasmo y otras técnicas, para concentrarse en la creación mental de una forma-sombra con la que hacer el amor).

Además, hay expertos espiritistas que, como Burroughs, han hablado del uso y dominio de íncubos y súcubos, es decir, agarrar al diablo por los cuernos para usarlo en provecho propio, ya sea para la autoexploración, para el placer o para encomendarle acciones determinadas, bien en el plano psíquico (adivinación, resolución de misterios, etc.), bien en el físico (asignándole tareas determinadas).

Sin embargo, todas estas prácticas son poco recomendables para individuos no curtidos en mil batallas mágicas y espirituales. Invocar y jugar con un súcubo o un íncubo puede ser muy perjudicial para la salud y la cordura, no sólo porque los coitos con la entidad chupen mucha energía (porque el ente la absorbe y también porque trabajar en ciertos estados de conciencia resulta agotador) sino porque el gran placer sexual alcanzado lleve al invocador a generar una dependencia que lo “enganche” a las cópulas con el demonio, arrastrándolo así a la ruina física y mental.

En lo personal sugiero que JAMAS se lleven a cabo tales rituales, una entidad tan peligrosa como un demonio así sea de la más baja estirpe, puede provocar daños y condenar a las personas que estén a su alrededor a vivir un infierno.

Íncubo


Su nombre proviene del latín incubare -“yacer”- procede el nombre de este demonio, que significa “me acuesto sobre ti”.

Se trata de un demonio con forma masculina que ataca a las mujeres por la noche, en la cama, casi siempre mientras duermen. La apariencia del íncubo no es necesariamente atractiva, ya que no busca la seducción sino despertar en su víctima los instintos sexuales más bajos y primordiales. Dependiendo el país, el íncubo se representa unas veces como un enano barrigudo, otras como un señor alto, delgado y peludo, otras como un joven apuesto y bien vestido y otras incluso como un pájaro de fuego. En todos los casos, siempre está dotado de un miembro descomunal.

Los mas conocidos son: Zabulón, Leviatán, Belaam o Alpiel Efelios y, aunque hay varias teorías al respecto, se supone que, tanto ellos como los súcubos, descienden de los Nefelines, ángeles caídos en desgracia que engendraron una raza degenerada.

El íncubo se cuela en la mente femenina y siembra la lujuria, provocándole sueños húmedos, pensamientos de lubricidad desviada o exagerada, para pervertirla antes de atacar. Tras varias noches de precalentamiento, el íncubo se materializa y copula con la mujer en unos coitos tan salvajes y placenteros que la humana se derrite en mil orgasmos, a veces entrecortados por momentos de lucidez que deriva en auténtico horror. A la mañana siguiente, la interfecta no recuerda casi nada, sólo que ha tenido un sueño húmedo, brutal y extraño y que, a juzgar por la cantidad de semen y sangre que hay en sus orificios, no ha sido una experiencia del todo irreal. Además, la víctima siente debilidad y abatimiento, ya que el íncubo ha empezado a extraer su energía erótica a través del coito.

Los íncubos atacan a todo tipo de hembras, sin importarles su edad, apariencia física o estado civil: lo mismo les da que sea guapa o fea, alta o baja, viuda, soltera o casada, embarazada o infértil, enferma o sana, ninfómana o anorgásmica: el caso es que sea mujer y que tenga una mínima energía sexual para alimentarse de ella, robándosela noche tras noche, de manera que el demonio se va haciendo cada vez más fuerte mientras su víctima (que, enganchada al placer, es capaz de dejar a su marido y todo para consagrarse al demonio) se debilita progresivamente, llegando en ocasiones a sufrir ataques al corazón o una muerte violenta ocasionada por el intenso placer sexual que su cuerpo, ya consumido, no soporta.

En caso de que la víctima se quede embarazada, puede dar a luz a bebés muertos o a retrasados mentales, pero también a abortos con apariencia medio humana-medio animal, criaturas deformes, perversas y con especial inclinación por el mal.

Se dice que el mismísimo Anticristo podría ser engendrado por un demonio lúbrico, si bien hay teorías que sostienen que de estos coitos aberrantes pueden salir seres con increíbles poderes mágicos: no en vano, hay expertos que juran que el mago Merlín era hijo de un íncubo y una prostituta.

Dime donde vives y te diré como se llama.

Como el “Trauco”, es conocido también en la provincia chilena de Chiloé representado como un enano que seduce a las jóvenes en pubertad, algunas veces el trauco es usado para explicar embarazos no deseados o súbitos, especialmente en las mujeres no casadas.

En Hungría es llamado “liderc” y puede ser un amante satánico que vuela por las noches, y parece como una luz arrolladora o como un pájaro de fuego.

En Paraguay es conocido como “Kurupí”, un ser mitológico con un miembro viril gigantesco, que secuestra mujeres para violarlas.

En Guatemala es conocido como “El Viejo del Sombrerón”, un ser de regular estatura, galante, que viste de negro, utiliza minúsculas botas y un enorme sombrero (de ahí su nombre), seduce a las mujeres jóvenes, enamorándolas con bellas canciones.

En Brasil es conocido como “Boto”, un ser joven y bello, traje blanco, zapatos blancos y su característico sombrero blanco que busca tapar una parte de la cara y el agujero en el alto de su cabeza.

En El Salvador, es conocido como “Cipitio”, enano y panzón que enamora a las mujeres.

En la mitología guaraní, “el Pombero” -hombre bajo, flaco, de abundante vellosidad- secuestra y viola a mujeres a las que deja generalmente embarazadas.

Súcubo

Es una criatura demoníaca que tiene la forma de una bella mujer, esta leyenda al igual que la de Íncubo tiene origen en la Edad Media. El Súcubo toma esta forma para seducir hombres mientras duermen, sobre todo jóvenes y religiosos, se introduce en los sueños en forma de una mujer muy atractiva y persuasiva. Este personaje tiene matices de una mujer vampiro.

Su apariencia es variable, con la única constante: siempre es una mujer muy hermosa y sensual. Aunque se las describe siempre bellas, tienen una belleza demoníaca, algunas veces se les describe con alas, o algunos rasgos demoniacos como cuernos, cola, ojos de serpiente y hasta con una serpiente enrollada en el cuerpo. Otra característica es, que siempre aparece desnuda, la víctima no la puede olvidar inclusive hasta despierto.

Teorías sobre sus motivos:

Lo súcubos no buscan engendrar, el motivo de sus acciones es la de quitar energía y vitalidad a sus víctimas, ya  que así se alimentan. Las víctimas después de un encuentro con un súcubo presentan deficiencias físicas y espirituales inclusive llegando hasta la muerte.

También existe la versión que el súcubo colecciona el semen de sus víctimas para así luego engendrar otras mujeres, de las cuales tendrán hijos que ellas manejarán para acciones demoníacas.

Según el Malleus maleficarum o Martillo de las Brujas (la guía para la caza de brujas más importante del Renacimiento) los súcubos no derraman el semen de sus víctimas, sino que lo recolectan y después lo usan para embarazar mujeres y crear monstruos.

En otros textos de la época se especifica que los súcubos, al recibir el semen en su interior, desarrollan un pene y se transforman en íncubos para más tarde reinyectar ese mismo semen en víctimas femeninas.

Y la última es la que los demonios al no poder reproducirse se dice que en forma de súcubo obtenía el semen de su víctima y después adquiriendo la forma de hombre, íncubo, embarazaba a una mujer con el semen de su víctima anterior, el niño producto de este proceso sería más susceptible a ser poseído por demonios, los signos que solían determinar esto eran malformaciones en el niño o con retraso mental.

Por lo que en la antigüedad las personas con retraso mental, síndrome de Down o malformaciones eran escondidas, para que nadie sepa que sus padres habían copulado con demonios.

que utilizan el semen de sus víctimas para engendrar Íncubos (su contra parte masculina).

Existe un súcubo muy célebre que vive en el oriente llamada “um al duwayce”, ella aparece como una mujer bella y perfumada que vaga por el desierto, ella seduce a los hombres pero tiene la vagina dentada, así arranca el pene a sus víctimas y las deja morir en el desierto. Y la otra célebre Súcubo es Lilit, personaje de del folclore judío, y habría sido la primera esposa de Adán.


Existen muchos demonios que atacan sexualmente a los hombres y mujeres, tal vez los más fascinantes sean los íncubos y los súcubos. Lo que es un misterio es que sin importar la religión o lugar del mundo donde se pregunte, existen en diferentes versiones pero siempre manteniendo sus características y sin duda pueden envenenar tu mente, extraerte la energía sexual y espiritual, endemoniarte, volverte loco de terror y placer y, si no pones remedio, incluso acabar con tu vida para mandarte directamente al infierno, sin contemplaciones ni ordalías.

Lamentablemente los hombres se excitan por la vista y caen más fácilmente a los pies de una chica sexy.

Está comprobado científicamente que aunque el hombre se resista conscientemente, inconscientemente su cuerpo experimenta una variada gama de alteraciones (agitación respiratoria, aumento de frecuencia cardíaca, dilatación de las pupilas de los ojos, etc.) y excitación de los sentidos sexuales (erección del pene, híper-sensibilidad en la piel, mayor segregación de saliva, etc.) que le es imposible de controlar.

Los súcubos atacan a todo tipo de hombres, aunque tienen preferencia por los más espirituales, sobre todo artistas y religiosos. No hay más que echar un vistazo a la clásica novela gótica El monje, escrita por Matthew Gregory Lewis en 1796, en la que un sacerdote acaba en el infierno por culpa de un demonio camuflado bajo la forma de una bella mujer.

La súcubo Lilíth y… ¿vampiros?


En la tradición judeo cristiana, sobre todo en ediciones antiguas de la Biblia y manuscritos judíos, en el antiguo testamento dela Biblia, sobre todo en el génesis y el libro de Job, existe un personaje que en estos días ha sido escondida por el vaticano, Lilit es considerada la primera mujer de Adán, que al no aceptar ser dominada por el hombre fue expulsada del paraíso y sentenciada a dar a luz por toda la eternidad y que todos sus hijos nacieran muertos.

Según algunos intérpretes es Lilit la serpiente que tienta a Eva para que coma el fruto prohibido y se dé cuenta de su miseria dominada por el hombre.

Estando condenada a ver nacer a sus hijos muertos hizo un pacto con Lucifer y obtuvo el poder de absorber la vida a los humanos varones y dársela a sus hijos, según ciertas interpretaciones los hijos de Lilit son los vampiros, súcubos e íncubos; pero al no poder mantener durante mucho tiempo esta vitalidad se verían obligados a hacerse de energía consumiendo sangre humana.

Los súcubos en la magia negra


La magia negra de Europa se basa en rituales mágicos para invocación de demonios, por lo que la invocación de súcubos se realizaba para llegar a distintos objetivos, entre ellos, obtener energía extra o provocar un embarazo en una persona, los súcubos al ser demonios inferiores, y por lo tanto más fáciles de invocar y controlar eran muy solicitados, y los rituales para pedir sus favores eran varios.

Otro de los objetivos de invocar súcubos es transformar a un hombre en algo totalmente inútil, pues al ser visitado todas las noches por el demonio, se envicia y deja toda su vida por ello, pues además tampoco tiene energía para nada más, llegando en algunos casos a la muerte.

Muchas brujas fueron quemadas en la inquisición por ser acusadas de estar poseídas por súcubos, pero no solo eso, pues muchas prostitutas cayeron en la hoguera por el mismo “crimen”.

¿Hay solución?

¡Quiétenmelo que me esta dejando piel y hueso! 😉

Quien no ha escuchado alguna vez esa frase: aflójale a “eso” que vas a desaparecer; muy repetida por nuestros antepasados y ancianos. Lamentablemente esta basada en la existencia de esos demonios, aunque mal aplicada a la vida cotidiana.

Según diferentes tipos de religiones y estudiosos de la demonología, afirman que con un exorcismo se puede liberar de este demonio sexual.

Sin embargo debe de ser acompañado de algunas cosas más para que sea efectivo:

Resulta extremadamente difícil quitarse de encima (o de debajo) a un demonio lúbrico, en primer lugar porque es necesaria una gran fuerza de voluntad: a nadie le amarga un dulce y los orgasmos que se alcanzan en las cópulas con estos seres son sobrenaturales, así que el primer paso es tener determinación y decidir librarse del demonio a toda costa, haciendo oídos sordos a sus cantos de sirena y rechazando sus ofertas sexuales.


Luego hay que tender una trampa ritual para espíritus y encerrarlo en una botella, un cristal o un triángulo, lo cual requiere unos conocimientos de magia bastante avanzados.

También es posible deshacerse de estos demonios usando la gnosis liminal para reabsorber en el propio cuerpo las cualidades y el nombre de la entidad, eliminando toda asociación erótica, aunque sea a base de duchas frías o hielo en los genitales. Aunque suene rara, no es una técnica tan diferente a la que se suele usar para exorcizar amantes de carne y hueso.

Melvin Sánchez

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