miércoles, 20 de agosto de 2014

EL APEGO

El apego podría ser ese obstáculo entre usted y la vida que quiere manifestar.

El apego a los objetos, las situaciones, las personas y hasta los sueños es algo natural en los seres humanos. De hecho, el apego es necesario para el desarrollo emocional de todo niño. Sin embargo, este vínculo afectivo intenso puede convertirse en un proceso bastante doloroso y espiritualmente contraproducente para los adultos.

Una cosa es establecer una conexión con aquello que nos importa y otra muy diferente el apego. El bebe se apega a sus padres porque depende de ellos, pero el adulto se apega a algo por miedo a perderse a sí mismo o su noción de ser si aquello deja de existir.

Apegarse o aferrarse a ciertas cosas o personas puede ser resultado del miedo y la duda. El apego, como nos referimos a él en este texto, implica dependencia, obsesión y hasta adicción a aquello a lo que estamos apegados. Nos apegamos a algo que queremos porque lo queremos tanto que el miedo a perderle nos invade y nos hace incluso asignarle más importancia de la que realmente tiene. Este miedo no es siempre consciente. Muchas veces no nos explicamos por qué seguimos apegados a algo o alguien pero la verdad es que nuestra vida gira en torno a esto y nos es difícil parar.
Nos apegamos a algo o alguien cuando sentimos – consciente o inconscientemente -- que su presencia es esencial para nuestra felicidad o bienestar. En otras ocasiones, aunque somos conscientes que nos hace infelices, nos apegamos a la idea de que podemos cambiar la situación o la persona si lo intentamos lo suficiente. Este apego nos hace sufrir pues a cada confirmación de que las cosas no cambian, la angustia y la frustración de apoderan de nosotros pero aun así, el apego nos hace seguir planeando cómo vamos a controlar la situación para que algún día sí cambie.

Nos apegamos a un sueño sin el cual no creemos que vamos a lograr el éxito que anhelamos; nos apegamos a una relación, sin importar si nos hace bien o mal, cuando creemos que el otro nos completa y que sin él no encontraremos otra oportunidad para el amor.

Uno de los problemas con el apego es que trae consigo emociones tóxicas como la preocupación y la  frustración. Otro problema es que nos aleja de la fuente interna de paz y felicidad y nos hace creer equivocadamente que el control de nuestras vidas está afuera de nosotros mismos. Toda nuestra energía se va en ocuparnos de nuestro apego y esto bloquea todas las demás oportunidades que están listas para nosotros pero que no vamos a aprovechar porque el apego nos ciega a ellas.

El desapego es necesario no sólo para la salud emocional pero también para el avance espiritual. De hecho, el miedo y ansiedad que trae consigo el apego son bloqueos energéticos que repelen todo aquello que está listo para manifestarse en nuestras vidas. El apego es en realidad uno de los mayores obstáculos en la ley de atracción.
Irónicamente, el apego a esta relación dañina o a esa persona que no nos corresponde, está rechazando la energía que nos traería el verdadero amor. El apego a esta meta específica nos está bloqueando la materialización de un logro aún mucho mayor o más conveniente.

El desapego es esencial para nuestro bienestar. El apego es como una adicción que absorbe nuestras vidas y modula nuestras emociones y decisiones a cada paso. Sólo cuando nos desapegamos podemos vivir libremente y de manera creativa, aceptando los regalos que el Universo está dispuesto a brindarnos.

El desapego requiere que vivamos en el presente y que dejemos fluir las cosas en vez de intentar controlarlas para retenerlas a toda costa.
El desapego no implica que todo nos deja de importar y nos convertimos en seres indiferentes. Al contrario, sólo en el desapego podemos apreciar y disfrutar el real valor de lo que nos rodea, y podemos interactuar sin lastimarnos o lastimar a los demás. Desapegarnos nos ayuda a despejar la mente y el corazón de angustias, miedos y obsesiones, y a liberar aquello que apreciamos para que siga su curso natural.

 M.A.S.

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