jueves, 30 de marzo de 2017

SEXO Y SALUD





     EL SEXO ES SALUD                                                                      LAS BONDADES DEL SEXO


Sabemos que “bien” en sexualidad significa lo mejor para cada uno y su pareja, no para lo que opinen los demás. Hacer el amor con sinceridad, deseo, confianza, entrega y receptividad constituye una válvula de escape para las tensiones acumuladas, es gratificante, auspicia la exteriorización de emociones y sentimientos, educa y complace los sentidos, equilibra el sistema nervioso y glandular, levanta el ánimo, incrementa la autoestima, relaja e inspira. En suma, nos permite beneficiarnos en todos los planos. ¿Revisamos la lista?    

1-Diversión. La práctica sexual requiere energías pero distintas –diversas- de las que aplicamos al trabajo, los problemas y los compromisos; por eso, en lugar de agotarlas, las repone. No hay que hacer el amor por obligación, ni obligarse a hacerlo para descomprimirse. Hay que elegirlo porque los dos tienen ganas y, ahí, funcionará como ansiolítico y antidepresivo de amplio espectro.

2-Metas, sueños y proyectos.  La seducción, la estrategia de conquista, la responsabilidad de complacer, el plan de construir –una noche de pasión, una relación, una pareja, una familia- que se ponen en juego en el deseo, la atracción y el amor, constituyen un entrenamiento para buscarle la meta a todo esfuerzo y dar sentido al futuro, aún el inmediato.

3-Recompensas. La vida tiene sus arideces: dificultades económicas, frustraciones, enfrentamientos, peleas, injusticias… El ejercicio de la sexualidad es un remanso que alivia y recarga las baterías, rearma para la siguiente batalla. Además, cada vez que hacemos el amor recibimos recompensas específicas: placer, aprobación, gratitud. No hay que desestimarlas porque son un nutriente básico.


4-Percepción consciente. La vida tiene, también, muchísimas cosas buenas que no siempre apreciamos. El amor aguza los sentidos, entrena en la percepción de estímulos –aromas, imágenes, sabores, sonidos-, cuyos efectos se multiplican al asociarse y ayuda a reconocer los mensajes secretos de la mente y el cuerpo.

5-Autoestima. El interés en gustar lleva a esmerarse en el cuidado personal… Y esmerarse en el cuidado personal refuerza la autoestima. Verificar que uno es capaz de complacer, alegrar, conmover, despertar admiración, cariño, deseo, brinda confianza en sí mismo. Esa confianza excede los límites de un encuentro sexual.

6-Descanso y relajación. La excitación y el placer son el reposo del guerrero: distraen de preocupaciones, relajan los músculos y los nervios, descargan tensiones, dan tregua al cerebro, equilibran las secreciones neuroquímicas, levantan el ánimo, oxigenan, activan la circulación. Incluir los masajes mutuos –en la espalda, la cabeza, los pies- entre los juegos amorosos previos o posteriores al orgasmo completa un verdadero tratamiento de SPA. (¿Sabías que el amor es un muy buen analgésico de dolores debidos a la tensión o cansancio?).

7-Ejercicios físicos. ¡Claro que sí! ¿Acaso en la cama no se ponen en movimiento los músculos y las articulaciones? ¿Acaso la sexual no es una gimnasia aeróbica? ¿Acaso no se queman un montón de calorías en una hora de pasión?  
     

8-Ejercicios mentales. Las fantasías, las tácticas de seducción, los juegos sexuales, la invención de personajes y situaciones, la producción de climas románticos, la anticipación y los ensueños agilizan la mente, mantienen despierta la creatividad y la imaginación.

9-Estibar la carga. Poner cada cosa en su lugar, despeja, aliviana, ordena. Si aprendés a sacarte las tareas pendientes, las demandas, el reloj y las angustias junto con la ropa, después de hacer el amor verás cómo –mágicamente- ha quedado un montón de espacio libre y limpio en el cerebro y el corazón.  

10-Hacerse responsable. Cuando sucede una falla sexual, la primera tendencia es echarle la culpa al compañero. Esa actitud, aunque suene contradictorio, genera culpa porque –en el fondo- uno sabe que no es cierto y que, en lugar de enfrentar el problema, lo está disfrazando y trasladando, con lo cual difícilmente podrá solucionarlo.

11-Desarrollar la resiliencia. La capacidad para asimilar y superar la adversidad tiene que ver con la personalidad forjada en la primera infancia, pero es posible incrementarla voluntariamente. La frustración sexual o sentimental, si uno se lo permite, si se abandona a ella, es capaz de contaminar todos los planos de la vida con una sensación de fracaso e invalidez general. Pero como alude a un aspecto tan sensible, a la vez puede transformarse en el impulso más poderoso para corregir, también en todos los planos, el modo de enfrentar los contratiempos.

12-Comunicarse. El acto sexual es comunicación, la más íntima y completa que existe. También la oportunidad ideal para ensayar todos los lenguajes –el de las miradas, las caricias, las palabras, las sonrisas-, expresar todas las emociones y aprender a pedir y a negarse, a preguntar y a dar, a ofrecer y a recibir, a compartir y a confesar. Desnudarse frente a otro desnuda ante uno mismo, comunica con las propias memorias, aclara conflictos, libera, revela. 


El sexo ayuda a fortalecer el sistema inmunológico

Las personas sexualmente activas enferman mucho menos ya que el sistema inmunológico se ve reforzado por esta placentera actividad generando más anticuerpos que alguien que no practica sexo. Nuestro cuerpo está así más protegido contra los virus, gérmenes y cualquier otro intruso. Una investigación de la Universidad de Wilkes en Pennsilvania (EEUU) demostró que mantener relaciones sexuales 1 o 2 veces por semana eleva los niveles de ciertos anticuerpos en comparación con los que lo hacen con menos frecuencia.

El sexo disminuye la presión arterial

Muchos estudios han evidenciado la buena asociación entre el sexo y una presión arterial más baja; en concreto, mantener relaciones sexuales -que no la masturbación-, reducen la presión arterial sistólica, el valor máximo de la tensión cuando el corazón se contrae.
El sexo aumenta la libido


Causa y efecto. Mantener relaciones sexuales con frecuencia provocará, por una parte, que el sexo sea cada vez mejor y también mejorará nuestra libido. Para las mujeres en concreto, las relaciones íntimas generan lubricación vaginal extra, un aumento del flujo sanguíneo y una mejora de la elasticidad.


Sexo contra el cáncer

Para los hombres, mantener relaciones sexuales hace que estos tengan menos probabilidades de desarrollar cáncer de próstata. Según un estudio de la revista Journal of the American Medical Association, eyacular al menos 21 veces al mes protege contra el cáncer, por lo que la masturbación también cuenta como aliado.

Sexo contra el dolor

¿Te duele algo? Haz el amor con tu pareja. El orgasmo es capaz de bloquear el dolor, según un estudio de la Universidad Estatal de Nueva Jersey (EEUU), ya que se libera (durante el orgasmo) una hormona que ayuda a elevar el umbral de dolor. El mismo estudio también resaltó que la estimulación vaginal sin orgasmo también bloqueaba en las mujeres el dolor de espalda, el menstrual, la artritis y el dolor de cabeza.
El sexo ayuda a descansar


Después de un orgasmo, se libera la hormona prolactina, responsable de la somnolencia y la relajación. Es por este motivo por el que tras un encuentro sexual podemos quedarnos dormidos más rápidamente de lo normal.

El sexo educe el riesgo de ataque cardiaco

Ser sexualmente activo es bueno para el corazón. Las relaciones sexuales no solo aumentan nuestro ritmo cardíaco, sino que mantienen en equilibrio nuestros niveles de estrógeno y testosterona. El desequilibrio de estas hormonas provoca, por ejemplo, osteoporosis. Cuanta más frecuencia haya en las relaciones sexuales, mejor. Varios estudios han evidenciado que mantener sexo al menos dos veces por semana reduce a la mitad las posibilidades de morir de una enfermedad del corazón.

El sexo mejora el control de la vejiga femenina

Tener un suelo pélvico fuerte es importante para evitar la incontinencia urinaria, un problema que afecta a alrededor del 30% de las mujeres en algún momento de sus vidas. Practicar sexo puede ser un entrenamiento muy eficaz para los músculos de esta zona debido a que cuando las mujeres tienen un orgasmo se produce una contracción de los músculos del suelo pélvico, lo que fortalece esa zona.




ALGO MÁS…

Una vida sexual placentera, donde los sentimientos se unen con las sensaciones físicas, contribuye en gran medida a un estado de salud pleno, según declaraciones de los médicos Anne Bryce y Thomas Lombardy, autores del libro “Las posturas más sanas para hacer el amor”.
Los expertos señalan que algunas enfermedades mentales y físicas son generadas por una frustrante o incompleta vida sexual. Por eso, es importante conocer y adoptar posiciones sexuales más placenteras, donde podamos integrar el cuerpo con la mente.

 
Algunas técnicas ayudan al hombre y a la mujer a obtener el orgasmo, controlar la eyaculación precoz y evitar la monotonía de las posturas clásicas. Es importante recordar que algunas de éstas pueden ser difíciles de realizar por personas con sobrepeso o con problemas de espalda. Aquí te damos 5 ejemplos para que practiques con tu pareja:
 
De pie: Consiste en abrazarse de frente, lo que permite el contacto visual entre ambos, así como una mayor cercanía y la posibilidad de tocarse y besarse. Da resultado si los dos son de la misma estatura.

 
El acordeón: El hombre se estira boca arriba y flexiona las rodillas sobre su pecho; la fémina se coloca frente a él y se sienta sobre su cadera. Después, se coloca en cuclillas de manera que sus muslos queden sobre los de él y pueda deslizarse sobre el pene. Aquí la mujer tiene el control, podrá flexionar bien las rodillas y moverse verticalmente.
El lazo de la pasión: La pareja se arrodilla cara a cara. Luego, apoyan un pie en el suelo y se acercan el uno al otro hasta unir los genitales. Se inclinan hacia delante, apoyándose sobre el pie que tienen en el suelo y se balancean lentamente. Esta postura permite la igualdad carnal; aunque no hay mucha penetración, la lenta fricción entre ambos torsos proporciona un gran contacto del clítoris. Además es mayor  la posibilidad de tocarse y besarse.

 
Baile privado: Se necesita una silla alta con respaldo y algunos cojines. El varón se acomoda en ella y la mujer se sienta sobre él; la fémina debe inclinarse ligeramente hacia atrás apoyando las manos sobre las rodillas de su compañero. Después, estira las piernas hasta que sus tobillos descansen sobre los hombros de él.
 
Montaña mágica: Se apilan un montón de cojines en el suelo, la mujer se coloca frente a ellos y su pareja debe colocarse encima de ella mirando en la misma dirección, con el pecho pegado a su espalda. Esta postura garantiza al hombre  la emoción de hacerlo por detrás y una conexión total de los pies a la cabeza entre ambos.   

J.C.K. / M.A.S.

miércoles, 29 de marzo de 2017

EL BIEN Y EL MAL

Aunque parezca increíble, en el fondo del sí mismo existe la bondad, no la maldad.


Si observamos lo que ocurre en el mundo a nuestro alrededor podemos ver todos los días hechos de violencia, agresividad, muerte y destrucción. Es difícil creer que no exista la maldad en forma absoluta.

Por el contrario, la maldad parece reinar en todos los órdenes de la existencia.

¿Qué es el bien?, porque lo que es bueno para uno puede ser malo para otro. ¿Es acaso el bien algo relativo a las circunstancias o el bien es absoluto?
Platón dice que el Bien es la idea suprema y que el mal es la ignorancia.
San Agustín pasó gran parte de su vida cuestionándose sobre la existencia del mal, hasta que leyó a Platón y a San Pablo y se pudo convencer que el mal no existe, que no es en sí, no tiene Ser, que el mal es ausencia de bien.


Aristóteles considera una acción buena aquella que conduce al logro del bien del hombre o a su fin, por lo tanto, toda acción que se oponga a ello será mala.
Para Aristóteles, la bondad es un atributo trascendental del Ser.
Sócrates identificaba a la bondad con la virtud moral y a ésta con el saber. La virtud es inherente al hombre que es virtuoso por naturaleza y los valores éticos son constantes, por lo tanto el mal es el resultado de la falta de conocimiento.
Con respecto a la existencia del mal, Santo Tomás de Aquino nos dice que al crear este Universo, Dios no deseó los males que contiene, porque no puede crear lo que se opone a su bondad infinita.
Nos sigue diciendo que el mal no fue creado, el mal es una privación de lo que en si mismo como Ser, es bueno; y el mal, como tal, no es querido tampoco por el hombre, porque el objeto de la voluntad humana es necesariamente el bien. El pecador no quiere el mal, lo que quiere es el placer sensible de un acto, que se supone malo, pero su fin no es hacer el mal. No hay voluntad alguna que quiera el mal como tal.
Agrega que Dios creó un Universo cuyo orden exigía la capacidad de defecto y corrupción por parte de algunos seres.
Nos propone que la justicia exige que el mal moral sea castigado y postula que el castigo existe no por si mismo sino para que el orden de la justicia sea preservado.
La libertad es un bien para Santo Tomás porque hace que el hombre se parezca más a Dios. Él no quiso el pecado, pero lo permitió en razón de un bien mayor, que el hombre sea libre y pudiera amarlo y servirlo por propia elección. No quiso el mal físico por si mismo sino en provecho de la perfección del Universo.
Krishnamurti nos dice que el Bien es el orden total y el Mal es el desorden. El orden, en relación a la conducta en el aquí y ahora, es virtud; y el desorden es no virtud, destructivo, dañino, impuro.
Krishnamurti nos dice que uno puede sentir en el fondo de si mismo que la bondad absoluta existe, o sea el orden verdadero, libre de prejuicios. No se trata de aceptar un patrón o modelo externo sobre lo que es ordenado y bueno, porque todo patrón externo produce conflicto con el sí mismo y el conflicto es origen del desorden.
Sostiene que somos el mundo y el mundo es lo que somos, que la conciencia del mundo es nuestra conciencia y si comprendemos esto habrá compasión verdadera por todo y por todos, y que esta compasión es la libertad.
Está convencido que la sociedad es el desorden organizado; y que la negación de la continuidad de la violencia y del rencor, es el Bien. La sociedad soy yo y si yo no cambio la sociedad no puede cambiar.
Para él el Bien es absoluto y el mal no existe. En el momento que afirmamos la existencia del mal absoluto esa misma afirmación es la negación del Bien. La bondad implica renuncia total del yo; y salirse del egocentrismo es alcanzar el orden completo, la libertad, y la bondad.
Orden para Krishnamurti, significa conducta en libertad y la libertad es amor y no placer.

El bien y el mal son conceptos o nociones relativos al sentido, al valor o a las consecuencias de la actuación humana, y también son entendidos como lo que afirma —el bien— o lo que niega —el mal—ciertas exigencias o valoraciones. Así entendidos ambos, el bien es lo que se ajusta a lo exigido o satisface valoraciones como la verdad, la justicia, el orden, la armonía, el equilibrio, la paz o la libertad, o todo lo que favorece el bienestar, ya sea en el ámbito individual o comunitario. El mal, por su parte, es todo lo contrario a lo anterior. Fernando Savater —filósofo especializado en ética— afirma que el bien es todo lo que está de acuerdo con lo que somos y lo que conviene al ser humano, y el mal es lo contrario: lo que significa la negación de lo que somos y lo que no nos conviene como seres humanos.

Al hablar sobre el bien y el mal, tres aspectos importantes llaman nuestra atención: primero, al calificar algo como bueno o malo lo hacemos desde nuestra propia conciencia personal, y lo hacemos —actuando como jueces veritativos— aún desde que somos niños; segundo, los integrantes de un grupo o comunidad humana —generalmente—llegamos con relativa facilidad a un punto de acuerdo o coincidencia acerca de lo que es bueno o malo con respecto a algo que conocemos o nos afecta a todos, y rara vez sucede lo contrario; y tercero, el mal relacionado de manera específica con una valoración ética o estética —como amor, orden, justicia, armonía, equilibrio, bienestar, paz o libertad— no se define o describe en función de sí mismo sino que se hace —directa o indirectamente— por ser lo opuesto a algo otro que constituye la valoración positiva; por ejemplo: el desorden es la carencia de orden, el odio es lo opuesto al amor; el malestar es la carencia o lo opuesto al bienestar.

Un intento de teorizar sobre el bien y el mal —entre otras opciones metodológicas—consiste en un esquema representado por un continuo con dos polos o extremos, en cada uno de los cuales existe un concepto límite (relativo a lo bueno o a lo malo). En este continuo, toda acción humana se ubica en un punto, más cercano al bien o más cercano al mal. Ejemplos de polos: amor/odio; orden/desorden; paz/guerra; equilibrio/desequilibrio.

 hora bien, nos damos cuenta que además de las especificidades de significación de cada uno de estos pares dicotómicos —amor/odio, orden/desorden—, cada elemento del par nos impacta en un sentido o en otro sentido opuesto. El cómo nos impacta se traduce en el valor, no sólo del concepto, sino de su concreción en nuestra vida, lo cual nos lleva a preferir el orden sobre el desorden, el amor sobre el odio. Esto parece sugerirnos la noción de “supra orden subyacente” o de “estructura superior invisible” del universo, “orientada con un sentido positivo”. Esta noción es reforzada por nuestra (¿innata?) capacidad valorativa, presente en todas las culturas, vinculada con las nociones positivas mencionadas, por lo cual no resulta nada difícil lograr consenso o conseguir el respaldo de la gente en cuanto a favorecer condiciones asociadas a los conceptos de orden, equilibrio, justicia y amor, a menos que algunos se sitúen —febrilmente o a ciegas— en posiciones fundamentalistas, que pongan lo doctrinario o ideológico por encima del bien común.

Entre los animales no es pertinente hablar del bien y del mal, sino sólo de lo adecuado y lo inadecuado, lo que les conviene y lo que no les conviene, pues ellos están programados genéticamente para hacer lo que corresponde a su especie, y así lo hacen, dentro de lo programado. Además, los conceptos bien y mal surgen de nuestra conciencia, y los animales no tienen conciencia de sí mismos ni conciencia valorativa más allá de lo meramente objetivo (valorar la comida, por ejemplo). Por otra parte, los humanos podemos actuar —y de hecho actuamos— en un sentido o en otro, hacia lo bueno o lo malo, hacia lo que conviene o lo que no conviene, aún en contra del criterio de conservación de la vida o de lo simplemente biológico. O sea, los humanos hacemos el bien o el mal según nuestra elección, preferencia o capricho, es lo que se ha llamado libre albedrío. Los animales han demostrado moverse o reaccionar según preferencias —aunque sólo de carácter fisiológico— cuando hay a la vista opciones para escoger, tales como estar expuestos al sol o buscar la sombra, o comer ciertas cosas en lugar de otras.

Las preferencias en los seres humanos no son sólo de tipo fisiológico, sino también de carácter simbólico, o sea, derivadas de conexiones entre significados, expectativas y valores, con una noción de ‘sentido’. Los valores son algo abstracto, propio de nuestro pensamiento, y éste se desarrolla mediante simbolismos, o sea, de conexiones entre significados y significantes con sentido valorativo. La noción de ‘sentido’ implica que los humanos, además de satisfacer nuestras necesidades fisiológicas, nos dirigimos hacia algo más allá de lo que está a la vista, buscamos o perseguimos algo más. Fernando Savater afirma que los humanos no sólo usamos las cosas, sino que les damos valor o le asignamos una importancia, específica según cada quien. En este sentido, según él, las cosas no sólo son lo que son, sino lo que significan para cada quien, según el valor que les otorgamos.
Y los humanos, además, tenemos conciencia de que somos sujetos, de nuestra individualidad. La noción de sujeto —la percepción del yo— es para cada quien la noción más importante, vinculada a una historia personal, muy propia. Y por ello cada persona, en la medida en que puede, busca singularidad: ser él mismo, tener y realizar sus preferencias, vivir su propia vida, alcanzar sus propios logros. Esto, sumado a la condición más significativa de la praxis humana como lo es la libertad, nos lleva a un verdadero drama. Es el drama de la actuación humana, que se desplaza ‘a discreción’ —o más bien, a su criterio personal— entre los límites del bien y el mal.
¿Hasta qué punto actúa libremente el sujeto ante el dilema ético? Pues el libre albedrío, como señala Savater, es un concepto que presenta ciertas deficiencias de significación y hasta de factibilidad, debido según él a “nuestra imposibilidad de querer racionalmente el mal” (El Valor de Elegir). En efecto, un auténtico libre albedrío debería significar el poder desear y elegir tanto el bien como el mal, como opciones equiparables. Y resulta que el bien lo podemos desear y, además, elegir racionalmente. En cambio, podemos desear el mal y hasta elegirlo, pero tal elección no sería nunca racional o sujeta a la racionalidad, pues significaría la negación de lo que somos y de cómo somos los humanos. Y, en los casos extremos, el mal significa la negación de la existencia. Savater cita al filósofo Jean-Luc Nancy, quien señala —en “La Experiencia de la Libertad”— que el mal está presente en cada existente como “…su posibilidad más propia de rechazo de la existencia”, y hasta enfatiza que “el mal es el odio de la existencia como tal”. Esto es remarcado por Savater, al decir que “…es inevitable aceptar que lo irracional existe también como una de nuestras posibilidades”.
Entonces, aceptar el mal —en cuanto desearlo y elegirlo como opción de vida—, si somos sinceros, significa tener que aceptar que somos malos por decisión personal. Pero aquí no está el escollo, porque tal cosa puede acontecer —y de hecho acontece—, sino que también, al mismo tiempo, significaría aceptar que elegimos la negación de la existencia, que elegimos lo irracional. He aquí el problema, pues el ser humano siente la necesidad de creer que está tomando decisiones correctas o por lo menos acertadas, que va por un camino acertado. Por ello, es problemática tal sinceridad con respeto al mal, y por ello nos engañamos a nosotros mismos y, a la vez, intentamos engañar a otros acerca de las ‘razones’ o argumentos sobre la elección del mal. El mismo Hitler invocaba razones sublimes para justificar sus acciones criminales, y declaraba que la Providencia estaba de su parte.
Más arriba decíamos que nosotros calificamos algo de ‘bueno’ o ‘malo’ desde nuestra propia conciencia, y lo hacemos actuando como jueces veritativos, o sea, capaces de comprender y aplicar criterios de verdad. En relación con el mal, la conciencia juega un papel de primera importancia, y así lo indica Savater al opinar que si descargamos la conciencia de malas elecciones, o sea, que todo lo considere bueno o aceptable “…acaba desapareciendo como tal conciencia” (El Valor de Elegir), quedando convertida sólo en un espejo empañado que refleja mal la realidad, un espejo de autoengaño. Y en relación con esa necesidad de auto justificación, Aristóteles —al referirse a la debilidad de la voluntad o akrasia— establece una diferencia, como comenta Savater, entre el akrates o el pasionalmente débil, y el akolastos o el desenfrenado malvado, a quien sus “reiteradas perversiones le han llevado a convencerse de que obra bien cuando hace lo peor”.
Los positivistas, pragmáticos y relativistas afirman que los criterios para calificar algo de bueno o malo son netamente culturales, y como la cultura cambia así también pueden cambiar tales criterios. Así, cualquier cosa puede ser calificada como buena —y lo contrario a ella como mala— si tal cosa es aceptada o respaldada por una comunidad o conglomerado humano. Sin embargo, es necesario destacar que todo lo que hacemos lo hacemos con un propósito o intención. La intención es un criterio central en la consideración o valoración ética. Y toda intención se traduce en un objeto y un resultado. No hay intención inocente, pues toda intención humana lo es hacia un objeto, con un propósito determinado. Y tampoco hay intención practicada sin resultado. El objeto es lo que se persigue con la acción, y el resultado es lo que deriva de esa acción.

Cuando hablamos de propósitos y sus resultados, tocamos el tema de los criterios de conveniencia. Según los positivistas, pragmáticos y relativistas, los criterios de conveniencia son sólo lo que cada grupo humano elige como guía de su propia conducta, sin que exista nada opuesto que pueda calificarse de verdadero. Sin duda, podemos elegir o practicar cualquier cosa que se nos antoje —y hasta justificar nuestra elección o práctica— contra todo criterio de conveniencia, pero la conveniencia ‘en sí misma’ o per se, como lo que afirma o apoya nuestra existencia y favorece el logro de resultados positivos, es algo que —aunque sea obviado o negado— permanece como una referencia real, como algo intangible que se sigue imponiendo ante nosotros, en su trascendencia. Es lo que unos denominamos ‘criterio de verdad’, y a lo que otros niegan validez lógica, por no aceptar nada más allá de la simple inmanencia.

Luc Ferry —filósofo francés actual, no creyente— sostiene que aún persisten claros indicios de trascendencia que han escapado a la deconstrucción nietzscheana de ideales —o proceso de destrucción de ídolos— y refiere como ejemplos de trascendencia también la noción de justicia, el derecho a la vida, la belleza y la libertad —y otros principios que subyacen a los derechos humanos— como cosas que no encuentran sustentación filosófica desde la inmanencia. Y el mismo Ferry destaca que la total y pura inmanencia es un sinsentido —algo que no es real— y nos da a entender que romper con todo tipo de trascendencia significa romper también con lo humano. Por ello, afirma: “La verdad, lo justo, lo bello y el amor están siempre presentes en nosotros”, y comenta que “de ello no sólo no podemos sino que no queremos zafarnos, y allí hay trascendencia”.
Las valoraciones éticas nos sirven de guía para evitar que nos abrumen, nos derrumben o nos aniquilen los resultados de acciones contrarias a lo que somos y a lo que nos conviene por ser lo que somos. Y hacer el bien o hacer el mal tiene no sólo una significación diferenciada en términos de valor sino también sus propias implicaciones. No es algo neutral el hacer el bien o hacer el mal, o el proceder de una manera o de otra contraria a valoraciones y expectativas. Ciertamente, las valoraciones —y con ellas las expectativas—cambian culturalmente y han cambiado con los siglos, pero los criterios acerca de lo que somos, cómo somos y cómo nos conviene ser y vivir, siguen siendo las luces que guían nuestra razón en la dilucidación entre lo bueno y lo malo. Podemos adaptar o forzar valoraciones, cambiar opiniones y criterios de aceptación o rechazo a cosas o conductas, pero —sin caer en el consecuencialismo— diremos que las consecuencias o efectos de tales cosas o conductas serán entonces el criterio de valor ‘a posteriori’ que nos indicará si tales valoraciones y criterios han sido los adecuados o no.

S.F. / M.A.S.

jueves, 9 de febrero de 2017

COMO VENCER EL MIEDO



9 PASOS PARA VENCER EL MIEDO DEFINITIVAMENTE

El miedo es una emoción experimentada cuando se percibe que existe una amenaza, real o imaginada, en el presente, futuro o incluso pasado. Cuando el miedo no se basa en algo real o que realmente ponga en peligro tu vida, te estará impidiendo las metas que te propones o que simplemente te hará sentir mal.


Precisamente ese es el gran problema de no combatir los miedos; te paralizas e impides crecer como persona o alcanzar tus metas personales. 
Aprender cómo vencer el miedo y controlarlo te dará grandes ventajas y resultados en tu vida:
  • Te sentirás mejor.
  • Subirá tu autoestima.
  • Superarás los límites que imponen el miedo y alcanzarás tus metas.
  • Crecerás como persona o profesional.
Con lo que aprenderás en este artículo, podrás empezar a afrontar y superar miedos tan variados como: a animales, hablar en público, hablar con la gente, dependencia emocionallas alturas, salir a la calle, viajar solo, hablar con mujeres, hablar con hombres… ¿Puedes eliminar un miedo del todo? Algunos si, aunque tener un poco no te va a perjudicar. Realmente lo importante es superarlo y no dejar que te paralice. 
Si trabajas para manejar y dominar tus temores, tendrás más libertad, aumentarás tus posibilidades de desarrollarte personalmente y dejarás de tener esa sensación de miedo tan desagradable y que te impide avanzar en tu vida.

¿Por qué tienes miedo?

¿Se puede no tener miedo? Si, aunque si pierdes el miedo a algo que es peligroso no es beneficioso para tu seguridad.
Imagina que no tienes miedo a ir demasiado rápido conduciendo. Tendrás muchas más probabilidades de tener un accidente.
Cuando tienes miedo a algo es debido a que al tener una primera experiencia desagradable con una situación,  animal o persona/as, has sentido ansiedad y has escapado sin enfrentarte a ella.
A partir de esa primera experiencia, has vuelto a escapar cada vez que te has encontrado con una situación similar y así evitas de nuevo la crisis, sin embargo, no es la mejor forma de perder el miedo
Por otra parte, puede que haya algunos miedos que sean innatos, como podría ser el miedo a las alturas o el miedo a hablar en público.
La única forma para perder ese miedo es enfrentarte a los estímulos que se evitan (hablar en público, perros, alturas, gente…), comenzando con tareas sencillas. A medida que el autocontrol aumenta, se ponen tareas más difíciles.
Es necesario practicar cada tarea tantas veces como sea necesario hasta superar el miedo y controlar la ansiedad. Es por tanto necesaria la práctica regular.

9 Pasos para superar el miedo

La técnica más utilizada y más eficaz para vencer al miedo es la exposición en vivo. Se basa en exponerte a las situaciones/cosas que te provocan miedo para, poco a poco, autocontrolarte y superarlas.
El objetivo principal es que rompas la secuencia de situación-ansiedad-escape. Por ejemplo, romper la secuencia “tener que hacer una presentación en clase-ansiedad-huir”.
Por tanto, te acercarás a aquello que te provoca el miedo.
Si por ejemplo te da miedo viajar en autobus solo, tomarás un viaje e intentarás superar esa ansiedad.
Cuando seas capaz de estar más tiempo y tengas más control sobre ti mismo, irás enfrentándote a situaciones más difíciles.

Para que tengas éxito en afrontar tu miedo, es conveniente que sigas estos pasos:

Nota: utilizaré el miedo a hablar en público como ejemplo.

1-Haz una lista de las situaciones que te provocan miedo o ansiedad

  • Hacer preguntas en público (siendo tú mismo parte del público).
  • Responder preguntas en público (siendo tú mismo parte del público).
  • Hacer presentaciones en público ante 10-50 personas.
  • Hacer presentaciones en público ante más de 50 personas.
  • Hablar con personas desconocidas.
  • Hablar con amigos delante de otra gente.
  • Hablar tú -interactuando- con el público (siendo tú el que hace la presentación).

2-Ordena esas situaciones según el grado de dificultad

  1. Hablar con amigos delante de otra gente.
  2. Hablar con personas desconocidas.
  3. Responder preguntas en público (siendo tú mismo parte del público).
  4. Hacer preguntas en público (siendo tú mismo parte del público).
  5. Hacer presentaciones en público ante 10-50 personas.
  6. Hacer presentaciones en público ante más de 50 personas.
  7. Hablar tú -interactuando- con el público (siendo tú el que hace la presentación).

3-Prepara las tareas de acercamiento según el grado de dificultad

Es decir, planifica tareas semanales en las que te expongas a esos miedos. Empieza por la situación que menos miedo te da, es decir la situación 1 (hablar con amigos delante de otra gente).
Por ejemplo:
  1. Hablar con amigos delante de otra gente.-SEMANA 1.
  2. Hablar con personas desconocidas.-SEMANA 2.
  3. Responder preguntas en público (siendo tú mismo parte del público).-SEMANA 3.
  4. Hacer preguntas en público (siendo tú mismo parte del público).-SEMANA 4.
  5. Hacer presentaciones en público ante 10-50 personas.-SEMANA 5.
  6. Hacer presentaciones en público ante más de 50 personas.-SEMANA 6.
  7. Hablar tú -interactuando- con el público (siendo tú el que hace la presentación).-SEMANA 7.
Lo ideal es que se practique de 3-5 veces por semana. Las sesiones más largas tienden a producir mejores resultados que las cortas.
Se recomienda que te retires de la situación si la ansiedad que sientes es destacada. Es decir, sientes mareo, aceleración del ritmo cardíaco, tensión muscular, miedo a perder el control…
Si tienes sensación de incomodidad pero sientes que tienes el control, puedes seguir exponiéndote a la situación.

4-Ponte resultados y toma y avanza en la lista

Si por ejemplo has completado la situación 1, ponte una recompensa.
¿Qué es completar la situación 1? Esto: haber hablado con amigos -o personas conocidas- delante de otras personas al menos una vez al día y durante una semana.
Cuando la completes, ponte una recompensa que te agrade. Por ejemplo; ver una película que te gusta, comprarte una camiseta…
¿Qué es completar la situación 2? Haber hablado con 4-5 personas desconocidas durante una semana.
Cuando la completes, ponte una recompensa que te agrade. Por ejemplo; ver una película que te gusta, comprarte una camiseta…

Nota: es importante que no te des recompensas si no has superado las situaciones. 
Cuando llegues al grado más difícil, sigue practicando para mantener los resultados, la falta de practica te hará volver a la situación inicial.

5-Planifica tus contratiempos

Si por ejemplo quieres superar el miedo a nadar, no lo hagas solo y menos si es en el mar. Planifica que puede surgir mal.
Si tu miedo es viajar solo, sube a una autobus urbano para que puedes bajar rápidamente si te pones muy nervioso.

6-Consejos para hacer frente a la situación

Cuando te encuentras en las situaciones a superar puedes seguir estos consejos:
-Tómate tu tiempo, sin prisas.
-Respira de forma lenta y profunda.
-Si ves que es difícil autocontrolarte, detente y comienza de nuevo.
-Premia tus logros.
-Intenta permanecer en la situación.
Para que tengas éxito en tu cometido de superar el miedo, es necesario que realices estas tareas de forma constante y con una dificultad creciente. 
Recuerda que esta técnica la puedes hacer solo o acompañado. Si decides lanzarte solo, recuerda que es importante establecer metas realistas, ser conscientes de qué es lo que te cuesta hacer, practicar constantemente, realizar técnicas de autocontrol (respiración) y planificar si te surge algún contratiempo.

7-Consejos para hacer frente a la resistencia a enfrentarse al miedo

Normalmente se tiene una resistencia a exponerse a las situaciones que provocan ansiedad.
Para superar esa resistencia:
  • Observa si estas retrasando las sesiones de exposición.
  • Reconocer que es normal experimentar emociones fuertes durante la exposición a las situaciones temidas.
  • Evitar pensamientos negativos como “nunca superará el miedo”, “es peligroso”.
  • Mirar la terapia como una oportunidad de superación.
  • Pensar en las recompensas de superar el miedo.
  • Reconocer que sentirse mal en la exposición es el camino para superar el miedo.
  • No sobresaturarse: si se siente ansiedad excesiva, retirarse momentáneamente o repetir al día siguiente.
  • Preparar soluciones: por ejemplo, como precaución de una posible parada de un ascensor, se puede llevar un teléfono de emergencia.
  • Recompensarse por pequeños éxitos.

8-Para mejorar los resultados

-La información específica sobre tus progresos a través de los registros aumentan la eficacia. Es decir, toma nota en una libreta de tus progresos. 
-El entrenamiento en respiración es útil en personas con problemas respiratorios. Mira estas técnicas de relajación.
-La aparición de pensamientos o imágenes catastróficas hace necesario la utilización de técnicas de reestructuración cognitivas (del pensamiento). Visita este artículo para modificar tus creencias limitantes.
-Las técnicas cognitivas pueden aumentar la eficacia de la exposición; puede aumentar al principio la motivación y al final las recaídas.

9-Otras modalidades

  • Modelado: si ves que se trata de algo muy difícil para ti o algo que no puedes controlar, pídele ayuda a alguien, fíjate en él y sigue sus instrucciones. Si por ejemplo tratas de hablar en público o hablar con alguien, fíjate en primer lugar como lo hace tu compañero y más tarde hazlo tu. 
  • Exposición en la imaginación: se trata de imaginarte hablando en público, hablando con el chico que te gusta o viajando sola en el autobus. El problema es que los estímulos siguen provocando miedo en la realidad por lo tanto es necesario practicar también en vivo. Puede ser útil: 1)cuando la exposición en vivo es difícil (miedo a la muerte, miedo a volar, miedo a las tormentas) y 2)para motivarse cuando el miedo al estímulo es excesivo.             
  • Exposición a través de nuevas tecnologías: la realidad virtual consiste en generar ambientes tridimensionales en los que la persona tiene la sensación de estar físicamente presente e interactúa con el ambiente en tiempo real. Las ventajas son: permite el control de lo que sucede, se puede construir y manipular el contexto y se siente más intimidad. Sin embargo no puede sustituir a la exposición en vivo y el costo es alto.
En definitiva, la modalidad más efectiva es la autoexposición. Aunque al principio pueda resultar algo más “impactante” y cueste empezar, te dará los mejores resultados.

¿Y tú qué estas haciendo para vencer tus miedos?  

          M.A.S. 

LA PRESENCIA MELVIN

Mas allá de lo meramente físico...    M.A.S .                                                              Sab....